MAAT: diosa egipcia de la justicia, el equilibrio, la armonía y la verdad. Era representada como una mujer alada, hierática y elegantemente vestida, con una pluma de avestruz sobre su cabeza. Al morir, era obligatorio comparecer ante ella, en el llamado “Amentet” (lugar donde el sol se esconde). En el “Doble Salón de la Verdad y La Ley”, el dios Anubis presentaba al fallecido ante el Tribunal, compuesto por Osiris, ISis, Neftis y 42 dioses más. Era el propio fallecido el que debía exponer sus obras y sus omisiones de forma clara según las 42 confesiones negativas del Papiro de Un, que eran las siguientes:

“No he causado sufrimiento a los hombres.
No he empleado la violencia con mis parientes.
No he sustituido la Injusticia a la Justicia.
No he frecuentado a los malos.
No he cometido crímenes.
No he hecho trabajar en mi provecho con exceso.
No he intrigado por ambición.
No he maltratado a mis servidores.
No he blasfemado de los dioses.
No he privado al indigente de su subsistencia.
No he cometido actos execrados por los dioses.
No he permitido que un servidor fuese maltratado por su amo.
No he hecho sufrir a otro.
No he provocado el hambre.
No he hecho llorar a los hombres, mis semejantes.
No he matado ni ordenado matar.
No he provocado enfermedades entre los hombres.
No he sustraído las ofrendas de los templos.
No he robado los panes de los dioses.
No me he apoderado de las ofrendas destinadas a los Espíritus santificados.
No he cometido acciones vergonzosas en el recinto sacrosanto de los templos.
No he disminuido la porción de las ofrendas.
No he tratado de aumentar mis dominios empleando medios ilícitos, ni de usurpar los campos de otro.
No he manipulado los pesos de la balanza ni su astil.
No he quitado la leche de la boca del niño.
No me he apoderado del ganado en los prados.
No he cogido con lazo las aves destinadas a los dioses.
No he pescado peces con cadáveres de peces.
No he obstruido las aguas cuando debían correr.
No he deshecho las presas puestas al paso de las aguas corrientes.
No he apagado la llama de un fuego que debía de arder.
No he violado las reglas de las ofrendas de carne.
No me he apoderado del ganado perteneciente a los templos de los dioses.
No he impedido a un dios el manifestarse”

Tras estas palabras, Maat dejaba caer en un platillo de su balanza, el corazón del difunto. En el otro, posaba suavemente la PLUMA DE LA VERDAD. Si la balanza se equilibraba, era señal de la pureza de los actos y la diosa MAAT dejaba pasar el alma hacia la eternidad. En caso contrario, una bestia devoraba el alma del difunto

Elegí a la diosa MAAT como símbolo y logotipo, porque al contrario que otras representaciones de la justicia, no es ciega. Por otro lado, MAAT no representa al sistema judicial, con toda su parafernalia de normas, jueces, tribunales…etc, sino al espíritu que está en el interior de cada ser, las normas y los valores de vida de cada persona hacia sí misma y sus semejantes, con independencia de ideologías, religiones, culturas o tiempos. Justicia y Verdad que llevan a un comportamiento adecuado en cada instante de la vida, sin más juicio ni juez que el interior. Cada acto, cada omisión, cada sentimiento y acción del ser humano, sea bueno o malo, tiene sus consecuencias. Es la ley de la causa y el efecto. La balanza no significa castigo, sino compensación. En el juicio de Maat, no hacían falta abogados defensores, no cabía el error, la corrupción, el engaño. La verdad hablaba por sí misma. Mi ideal de justicia.

CARMEN GODINO SOTO