Que me disculpen los políticos honrados, si es que quedan, porque esta carta no va dirigida a ellos. Es a los otros, a los corruptos, canallas, delincuentes, granujas, rufianes, villanos, truhanes y bribones a los me gustaría que llegara. Y no porque piense que pueda servirle de algo a ellos, que a estas alturas con el dinero a bien recaudo y exentos de problemas económicos los miembros de sus próximas tres o cuatro generaciones, estas letras les traen al pairo. Es por lo a gusto que me voy a quedar yo cuando les llame sinvergüenzas.

Pero todavía no se lo voy a llamar. Lo primero, decirles que jamás he estado afiliada a ningún partido, y que por tanto, mi voto nunca ha estado vinculado a más disciplina que la de mi conciencia. Lo segundo, es que a estas alturas, me da ya igual si en sus logotipos aparece un pajarito, una flor, unas herramientas o las letras que correspondan. Por mí, como si ponen ustedes en su bandera un pitufo, porque no pienso dar mi voto a ningún partido de los que actualmente existen en el panorama político español hasta que no cambien las leyes y el sistema electoral. Y que nadie me venga con el argumento de patio de colegio de “nosotros cogimos, pero los otros cogieron mucho más y empezaron antes” A mí eso ni me vale ahora, ni me ha valido jamás. Ni creo que tampoco les sirva a los miles de ciudadanos que cada día ven abrir las páginas de los diarios y los informativos de televisión con noticias de políticos encarcelados, imputados o juzgados. La corrupción y la delincuencia son condenables, las haga quien las haga. Y más les valdría a los partidos políticos limpiar sus cestas de manzanas, por aquello de la “teoría de la manzana podrida” antes que seguir pidiendo a sus correligionarios y votantes que crean en ellos como creían de pequeños en el Ratoncito Pérez o en los Reyes Magos.

Citando como fuente al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ, Andalucía es la comunidad autónoma con más casos de corrupción en fase de investigación judicial. Según el Servicio de Inspección, en los juzgados españoles están investigando actualmente 1.661 casos de corrupción. Un tercio del total, 541 casos, están en Andalucía. Tóquense ustedes un pie; y hasta el otro, si hace falta.

Decía Platón, que el hombre es por naturaleza un “zoon politikon”, que traducido en cristiano, venía a significar esa inclinación humana por la organización de su comunidad, participando en su funcionamiento para el bien común y social. Platón debe estarse dando testarazos y coscorrones en su tumba al comprobar como ese “zoon politikon” se extinguió y ahora sólo lo buscan los zoocriptólogos como mítica especie que las leyendas aseguran que una vez existió.

El “zoon politikon” de antaño, no se extinguió por la caída de un meteorito como parece ser que pasó con los dinosaurios, sino porque le atacó sin piedad un virus llamado “codicia” Y como resulta que al “zoon politikon” nadie le había puesto las vacunas pertinentes en forma de leyes anticorrupción, controles administrativos, legilslativos o judiciales, y como encima en su genética tenía el llamado “gen picarus” propio de la península íbera de la que procede, se reconvirtió por mor de la evolución política española, en el “zoos trinkon”, en el “zoon me-lo-llevo”, en el “zoon tonto-el-que-no-pille” o en su primo “zoon el-que-trinka-primero-trinka-dos-veces”. Atrás quedó el bien común. Ahora lo que prima es el bien propio, y si se puede, el bien de hijos, yernos, nueras y buenos amigos, que una vez colocados en puestos de élite, devuelvan centuplicados los favores. Que hay que ver lo que le cuesta al resto de los mortales hacerse con una casita, pagar la jodida hipoteca, el coche, sacar adelante a sus hijos y poco más. ¡Toda una vida de trabajo y encima acaban deslomados y con una mísera pensión de la Seguridad Social! Y eso, los afortunados, que muchos… ni casa, ni trabajo, ni pensión. En cambio con la política, la riqueza se consigue en un pis-pas y sin despeinarse. Después suma y sigue. Que si las dietas, los pagos de las comisiones, los desplazamientos, los viajes que te pagan hasta si vas al fútbol, los incentivos, el supersueldo de los políticos, a veces sólo por ir a echarse un sueñecito al hemiciclo, y los famosos sobres…y en pocos años estás tan forrado que te falta espacio en los bancos españoles para guardar tu dinero y te tienes que ir a Suiza, que allí hay más sitio.

No nos engañemos. La política en España para estos mangantes, no era ni es una profesión, ni una aspiración, ni una concesión al altruismo. Era y sigue siendo la cueva de Alí-Babá. Sólo que en vez de decir: “Ábrete Sésamo” la nueva fórmula para abrir la entrada de los tesoros es ésta: “Juro o prometo cumplir fielmente la Constitución”.

Pues a esos, que les levantas las alfombras y salen gamusinos y gusarapos en forma de cuentas en paraísos fiscales, millones en metálico, trampas y añagazas y que encima no sólo no piden perdón, sino que se hasta se acogen a sus estatus de aforados y siguen en la brecha…a esos es a los que dedico esta carta haciéndoles responsables de que la abajo firmante, no vuelva a poner un pie en un Colegio electoral. Y lo siento por tantos como lucharon por el voto libre y el sufragio universal, especialmente de las mujeres. Pero estoy convencida de que no lucharon para que votáramos la continuidad de la corrupción.

Porque en mi Comunidad, no se están pagando las ayudas a los enfermos dependientes, se están cerrando hospitales, colegios, cientos de puestos de trabajo por falta de ayuda pública. Se está llegando a algo tan miserable como retirarle a los ancianos la ayuda para los pañales de incontinencia. Y todo eso porque el dinero de las arcas públicas, el que tenía que estar para el bien común, ustedes los corruptos, se lo han llevado calentito.

Por eso, y cumpliendo mi palabra ahora sí digo lo que venía a decirles. Ha llegado el momento. Allá voy: “SON USTEDES UNOS SINVERGÜENZAS”.
Ya está. Y efectivamente, me he quedado en la gloria al decirlo.

Una cosita más. Y ésta sí va para los políticos honrados. La actual situación social exige algo más que la pasividad o el silencio. Quienes callan o miran para otro lado ante los hechos delictivos de otros se convierten en cómplices y encubridores. Dicho queda.

Carmen Godino Soto